«La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla» GABRIEL GARCIA MARQUEZ
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sábado, 1 de octubre de 2016

DIARIO DE VIAJE POR LOS PAÍSES BÁLTICOS

* Segundo día: Helsinki, y nos vamos a Tallin


La consigna del día: hay que aprovechar al máximo la mañana que estamos en Helsinki. Para ello nos levantamos lo bastante temprano como para fastidiar a una dormilona como yo. ¿Quién me meterá en estos jaleos? me pregunto mientras tomamos el tranvía nº 2 que nos lleva a la zona de los muelles situada en la Plaza del Mercado. Allí cogemos el ferry que se dirige a nuestro primer destino: la isla de Suomenlinna. 

Un cuarto de hora después llegamos a lo que dicen es una de las mayores fortalezas marítimas del mundo, construida por los suecos en la segunda mitad del siglo XVIII, para controlar la entrada de los barcos a la ciudad, y que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. 

En la isla hay de todo: museos, cafés, restaurantes, tiendas, zonas verdes y hasta una diminuta playa, en la que bañarse. Se podría pasar todo el día allí. Es una excursión bonita y recomendable.






La isla de Suomenlinna totalmente nevada (foto tomada de la foto que se halla en el Museo de Soumenlinna)



Volvemos y damos nuestro último paseo por la ciudad. Es una pena que no tengamos tiempo suficiente para comer en las terracitas de la Plaza del Mercado. Reclama nuestra atención los vivos colores de las frutas del bosque, el olorcito a pescadito frito, o el puesto de comida cuya especialidad es el reno. Pero tenemos una cita ineludible con otro ferry. Nos vamos a Tallin.



Decimos adiós a una ciudad que ha sido toda una sorpresa muy agradable. Tengo que confesar que no me lo esperaba. Es una ciudad tranquila, armoniosa y con encanto. Con lo que me voy con las ganas de más.

Las caras estrambóticas de la Casa Pohjola

Estación de Ferrocarril

Golfo de Finlandia

Unas dos horas y 10 minutos después de haber salido en barco del puerto de Helsinki llegamos a la ciudad de Tallin, en Estonia. Solo tenemos tiempo para buscar el hotel que se halla a las afueras de la ciudad. Una vez alojadas en él damos finiquitado el día.


Llegada al Puerto de Tallin


¿Qué eche de menos de mi visita en Helsinki? 

Sin duda uno de los grandes reclamos y la idea que nos venden de Helsinki es el diseño de vanguardia. Me faltó poder conocerlo visitando edificios como la Casa de Finlandia, la Opera Nacional, o distritos como el de Punavuori, donde poder descubrir las últimas tendencias en moda, cocina, mobiliario, etc. 

Datos de interés 

Ferrys a Suomenlinna. La misma tarjeta de transporte de un día vale para este barco. Salen cada 20 minutos del lado derecho de la Plaza del Mercado. 

Ferrys a Tallin. Se compró, con antelación,  los billetes de la compañía Eckerö Line (29 €). Parten desde la Länsiterminaali (Terminal marítima del oeste). El tranvía nº 9 deja prácticamente en la misma puerta.

sábado, 24 de septiembre de 2016

DIARIO DE VIAJE POR LOS PAÍSES BÁLTICOS

* Primer día: Helsinki


Helsinki suele ser la puerta de entrada para recorrer Finlandia. Pero en nuestro caso, el objetivo no era el país, sino los países. Es decir, los Países Bálticos. La razón de ir primero a Helsinki fue pura cuestión económica. Resultaba más barato que volar directamente a Tallin. Y eso, nos proporcionaba ese valor añadido: la oportunidad de visitar la capital finlandesa.

No es la primera vez que me ocurre al viajar a una capital del norte de Europa que espero encontrarme una ciudad triste y oscura, como si las escasas horas de luz que caracterizan sus inviernos fuera algo perenne. No me hago a la idea de que, precisamente, es al contrario. Que en verano, su día dura muuuuucho más que el nuestro, y que tienen muchos horas para poder aprovechar. Y eso es precisamente lo que pasó. Dejábamos nuestros bártulos sobre los 16.00 en el hotel, y tuvimos una larga tarde para descubrir la ciudad. Y no había mucho tiempo que perder, porque solo teníamos esa tarde y la mañana siguiente.

Decidimos que las primeras visitas fueran las más cercanas al hotel, y a la vez las más alejadas del centro. Así que nos fuimos caminando hasta la Iglesia de Temppeliaukio, un curioso templo excavado en la roca, que dicen tiene muy buena acústica con lo que también se puede ir a escuchar conciertos.



Con el tranvia nº 2 nos trasladamos hasta el Parque de Sibelius. Era uno de los puntos que más me apetecía ver. Quizá porque el monumento ubicado en el parque y dedicado al famoso músico representaba, para mí, una de las imágenes más reconocida de la ciudad. Y no me defraudó. Los cientos de tubos que conforman la escultura la hacen tan fotografiable que hubiera pasado la tarde entera buscando diferentes perspectivas.



Volvimos sobre nuestros pasos para volver a coger el tranvía nº 2, que se acabó reconvirtiendo en el nº 3. Su recorrido ofrece una hermosa ruta por los lugares más interesante de la ciudad. Nos bajamos en la Plaza del Senado. Y ¡oh! ¡sorpresa! por un momento creí haber llegado a San Petersburgo. No en vano, Helsinki fue rusa durante diferentes períodos de su historia, y eso ha dejado huella.


Cerca se halla la zona del puerto, donde la ciudad se abraza al mar. Y es aquí donde me doy cuenta que Helsinki me estaba gustando, y mucho. La primera grata sorpresa de un viaje que no empezó con la ilusión que requería. ¡Bravo!



Datos de interés práctico


¿Cómo ir del aeropuerto a Helsinki?



Tal y como nos informaron en la Oficina de Turismo del aeropuerto, lo más sencillo es coger el tren. En 28 minutos te deja en la Estación Central, desde donde puedes enlazar con otros medios de transporte.

Billetes para el transporte público

Si como nosotras, solo vais a estar un día, lo más práctico es la Travel Card de un día (regional). Nos costó 12€, válida para una sola persona, y de viajes ilimitados desde el primer momento que se valida, y durante las 24 horas siguientes.

La compramos en la Oficina de Turismo del eropuerto. Pero también la venden en los R-kioski, y los puntos de atención al cliente de HSL.