«La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla» GABRIEL GARCIA MARQUEZ
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domingo, 2 de febrero de 2020

UN VIAJE EN EL TIEMPO
* Besalú y El puente de los judíos 

Os invito a un viaje muy especial: un viaje en el tiempo, al Besalú de principios del siglo XI, para poder asistir a la construcción de su icónico puente y conocer de cerca el pueblo medieval. En su recorrido llevaremos, a modo de la guía Bradshaw, el libro de Martí Gironell, El puente de los judíos. ¿Me acompañáis en esta fascinante aventura?



Primero fue Los pilares de la tierra de Ken Follett, segundo La catedral del mar de Ildefonso Falcones, y después el libro que nos ocupa, El puente de los judíos. 

Tal vez, cronológicamente fuera así. Pero mucho me temo que no en calidad. 

El puente de los judíos es una de esas novelas que promete, pero que decepciona. Lo tiene todo para ser una muy buena obra: ameno, fácil de leer y bien documentado. Pero es como si se hubiera quedado en un esbozo. Bien desarrollada hubiera sido, sin duda, un novelón de 500, o incluso 1000 páginas. Personalmente opino que al autor le ha faltado dar más cuerpo a toda la historia y, sobre todo, profundizar en los personajes. No solo tenía que haber hecho un mero retrato de ellos. Tenía que haber ahondado en su biografía, en su almas, en sus inquietudes, alegrías y penas. Y, por último, debía haberse extendido en algunos relatos que, tal como están, no tienen mucho sentido en el conjunto de la narración. Hacen que el lector se pregunte ¿a qué viene esto?.


Después de esta breve, pero negativa crítica, supongo que no entenderéis porqué saco a colación este libro. La razón es sencilla. Hay algo que Martí Gironell hace muy bien en su libro: la descripción pictórica de la Besalú del siglo XI. Al fin al cabo, el autor nació y creció en Besalú, y además fue guía turístico. Todo eso se tiene que notar.



Juguemos a imaginar que somos señores o damas que se acercan a Besalú un día de mercado y, como les dije al inicio de este post, llevemos como callejero y brújula El puente de los Judíos. Retrocedamos a los primeros años del siglo XI, ¡adelante!.


Parecerá una perogrullada, pero para entrar a la capital del condado de Besalú no hubiéramos podido cruzar por el puente, entre otras razones, porque no existía. Tal vez sí, otro anterior, río arriba. Pero nosotros hemos tenido que cruzar la riera de Capellades y enfilar un escarpado sendero que nos lleva a una de las puertas de entrada a la ciudad, no sin antes asistir a la misa y encender una vela en la iglesia de Sant Martí  para dar gracias por el buen viaje.  



Traspasada la muralla, lo primero que nos llama la atención ha sido el castillo situado en la cima de una colina y rodeado de otra muralla diferente a la que circunda la ciudad.


Bajando por las calles, cuyo suelo está formado por una masa de barro y estiércol, y acampando a sus anchas gallinas y cerdos, nuestros pasos nos llevan hasta la Plaza del Mercado, donde la actividad es frenética. Escuchamos los gritos de oferta, compra y venta, los regateos, el martilleo del herrero y la música de algún juglar. Los olores percibidos también son diversos: el de la comida, las especias, los perfumes y las hierbas medicinales, todo mezclado con el rancio olor de las boñigas de los animales, y de algún que otro ser humano.



Hemos hecho nuestras compras y dejando atrás todo el ajetreo de los mercaderes, nos vamos a recorrer la villa.




Intramuros y alrededor del altozano donde se levanta el castillo nos encontramos el Catllar, un barrio de calles empinadas y estrechas, con residencias señoriales, que pretenden imitar palacios. Es la zona donde viven caballeros, magistrados y jueces, funcionarios, bachilleres y canónigos.




Hacia el este, la judería se extiende tras una puerta que se abre al principio de la calle Rocafort. La curiosidad nos puede, y la traspasamos. Un conjunto de calles laberínticas, acogedoras, hospitalarias, llenas de tiendas nos da la bienvenida. Seguimos por una calle que desembocaba en una plaza no muy grande, donde se levantaba la sinagoga, el centro de vida de la comunidad, formada por un conjunto de estancias como la escuela, o los baños (o micvé). 


NOTA Nos hubiera sido imposible entrar en los baños, pero como con la imaginación todo se puede, nos atrevemos a bajar un pasillo estrecho que parece el interior de un cañón. Tras varios escalones llegamos a una estancia poco iluminada con una ventana aspillera, ocupada por una piscina rectangular de losas de piedra. En ella se practican los baños de purificación del cuerpo y del alma.





Salimos de la judería y bajamos por un callejón que hace pendiente. Nos dirigimos a un grupo de casas que crece en torno a la iglesia de Sant Vicenç. Aquí las casas son más sencillas, de construcción humilde como la gente que las habita.


Más al norte, y nos encontramos en el vecindario de Vila-robau y el Torell, habitado por tejedores, arrieros, braceros y jornaleros.


De nuevo, atravesamos el mercado y enfilamos por el callejón que nos conduce a las afueras de las murallas. Cruzamos el torrente de Ganganell y entramos en el Prado de Sant Pere, una gran explanada que preside el monasterio del mismo nombre. En sus puertas nos espera un fraile, que nos acompaña a través de diversos pasillos y estancias del monasterio, el claustro,  la biblioteca y las cocinas, hasta llegar al refectorio. Hoy comemos con el abad. Tras la comida nos lleva a conocer el hospital, que al amparo del monasterio, acoge y alimenta a los pobres, niños abandonados, personas enfermas y peregrinos Tras dejar un considerable donativo para estos menesteres, abandonamos el monasterio.


Cae la noche y regresamos...





... al Besalú del siglo XXI, para darnos cuenta que, aunque su fisonomía sigue siendo muy medieval, y que se han conservado en muy buen estado muchos de sus edificios y monumentos, también se han producido bastantes cambios. Esto ha sido como buscar las siete diferencias. Pero eso no es malo. Significa que la ciudad todavía está muy viva. 

martes, 28 de mayo de 2019

LA COSTA AMURALLADA
* Tossa de Mar


La Costa Brava tiene tanta fuerza y personalidad, es tan bella, que dudo a nadie defraude. Y Tossa de Mar forma parte de esa cadena de pueblos que contribuyen a fomentar su merecida fama. Tossa de Mar es espléndida en toda la extensión de la palabra. Ya lo verán.




Si cuando lleguéis por carretera (y sobre todo si viajáis en autobús), lo que avistáis no es lo que han prometido ¡tranquilos! Tossa de Mar se tiene que ir desgranando poco a poco hasta llegar al corazón del mismo. Aunque yo no sé Vds., yo soy fácil de conformar. Veo unas ruinas arqueológicas y me vengo arriba.



El pasado romano de Tossa


En la Avigunda del Pelegrí, frente al antiguo Hospital de San Miquel (hoy casa de la cultura), hallaréis la Villa romana dels Ametllers, la que fuera una de las mejores explotaciones agrícolas dedicada al cultivo de la vid, de toda la provincia romana de Tarraco.





Si queréis completar la visita deberéis acudir al Museo Municipal, donde se conservan objetos encontrados en las ruinas, especialmente el hermoso mosaico de Vitalis, que formaba parte de la zona residencial de la villa.



El sabor marinero de Tossa

Antes de llegar a lo que parece ser el principal reclamo de Tossa, se extiende un conjunto de calles que conforman el barrio de Sa Roqueta, donde hallaréis algunos de los edificios históricos más interesantes, como la Iglesia Parroquial de Sant Vicenç, la Capilla de la Mare de Déu dels Socors, el antiguo Mas Rabassa o la Torre de defensa Can Magi.


Entre las calles del Portal y la de Estolt se asentaron los inicios de dicho barrio, allá por el siglo XVI. Aquí su fisonomía ha cambiado y encontraremos cuestas y escalones, porque en realidad estamos subiendo por el promontorio que nos llevará hasta la zona amurallada de Tossa.


✋Un inciso

Si al inicio de mi paseo, a primera hora de la mañana, por el barrio de Sa Roqueta olía a dulce, galletas y vainilla, a las horas que subía hacia las murallas el olor era de "suquet" de pescado y arroz, lo que hace que me pregunte ¿para cuándo una cámara que registre estos olores cautivadores? 😛 Cosa que me recuerda que en esta zona encontraréis Can Ganga, una de las primeras casas construidas extramuros, y que hoy alberga el Museo de la Cocina de la Costa Catalana, lo que nos habla de la gran tradición culinaria de la Villa.




Un paseo por el medievo

Tal vez debería haber empezado este artículo explicando la principal peculiaridad de Tossa de Mar: ser el único ejemplo de población medieval fortificada que se conserva en la costa catalana.



Para entrar a Vila Vella, que es así como se le conoce al recinto amurallado, podréis acceder por un portal con un arco protegido por la Torre del Reloj que da directamente al patio de armas. Pero si sois más osados, atreveros a cruzar por el Forat del Dimoni (el abujero del Demonio) que fue contruido por los pescadores a principios del siglo XX para facilitar el paso a la playa de Es Codolar a través de las murallas.




Vila Vella está coronada por el Faro, edificado donde antes se ubicaba el antiguo Castillo del Abad de Ripoll. Si ascendéis hacia él veréis que las vistas son magníficas y podréis contemplar los acantilados tan típicos de esta costa.




A vuestros pies os habréis dejado la Casa del "Sant Drap", (o Sábana Santa). Sí, se decía que en esta casa se guardaba un trozo del famoso sudario de Cristo; restos de la Iglesia gótica de Sant Vicenç y la Casa del "Batlle" (o Gobernador), ésta última fundamental si queréis ver arte pues alberga el actual Museo Municipal (que ya os nombré al principio de este relato).



✋Un inciso


Tanto Vila Vella como  Sa Roqueta son dos zonas preciosas, ideales para salir de las zonas más trilladas y fijarse en pequeños rincones ocultos, y elementos arquitectónicos más populares.







La Tossa más artística



La Casa del Batlle fue convertido en museo en 1935, el primero de arte contemporáneo de toda España. Acoge las obras de los artistas internacionales que frecuentaron Tossa en las primeras décadas del siglo XX, de las que destaca obras como "El violinista celeste" de Marc Chagall.




La Tossa cinematográfica


Una escultura de Ava Gardner nos recuerda que Tossa sirvió como plató para el mundo hollywoodense allá por los años 50.



Las playas


Pero dejemos ya de una vez la cultura y toda visita turística y vayámonos a disfrutar de un merecido descanso, porque al fin al cabo Tossa es un destino veraniego 100%. 




Cuatro son las playas que rodean Tossa:


La de Es Codolar, a los pies de la torre del mismo nombre, es pequeñita, íntima y recogida, perfecta para familias con niños. 


La Platja Gran que, como su nombre indica, es la playa grande, la más concurrida, pero eso no significa que sea menos atractiva. De hecho, la playa con sus barcas varadas a los pies de las murallas y el dibujo de la silueta del barrio de Sa Roqueta es una de las más bellas estampas de Tossa.



En el Passeig del Mar no dejéis de admirar la Casa Sans, un ejemplo de arquitectura modernista.


La Platja del Reig es tan diminuta que puede pasar desapercibida, pero la veréis de camino a la Platja de la Mar Menuda desde nos despedimos contemplando sus farallones que parecen una continuación natural de las murallas que antes apreciábamos.



Con el relax que nos proporciona tan bella imagen cerramos este capítulo dedicado a Tossa de Mar. Espero os haya gustado, pero sobre todo os ayude en la preparación de vuestra segura próxima visita. 

domingo, 5 de agosto de 2018

ÉRASE UNA VEZ...
* Casaramona & Disney


Érase una vez... Casaramona


Hay en Barcelona un edificio que cuando era pequeña me intrigaba sobremanera. La culpa la tenía el letrero que luce en la torre que sobresale de entre los tejados. En dicho letrero se puede distinguir el nombre de "Casaramona". La verdad, no sé bien qué era lo que mi mente imaginaba en aquel entonces, pero sí que recuerdo que pensaba que qué suerte tenía la tal Ramona, que su casa era una especie de castillo.







Con el tiempo supe que de castillo nada. Y menos, residencia de reyes y princesas. Más bien, al contrario. "Casaramona" respondía al apellido de su dueño, el Sr. Casimir Casaramona y Puigcercós, empresario dedicado a la industria textil. Por tanto, el castillo de mi infancia en realidad era una fábrica construida a principios del siglo XX (entre 1909 y 1912).



La construcción corrió a cargo de uno de los arquitectos más emblemáticos del modernismo catalán, el Sr. Josep Puig i Cadafalch, que logró hacer un edificio ejemplo de salubridad, exigente con la seguridad, y sobre todo que velaba por las condiciones de trabajo de los propios empleados. Toda una novedad de la época.


Hoy en día, este edificio es sede de CaixaForum, una sala de exposiciones gestionada por la Obra Social de "La Caixa". 





Érase una vez... Disney


Una de las exposiciones realizadas en CaixaForum que más ilusión me provocó fue la llamada "Disney, el arte de contar historias". En ella, se intentaba desentrañar las fuentes de inspiración en los que la gran compañía cinematográfica ha bebido para realizar sus famosas películas; a saber, la mitología, las fábulas, las leyendas, los cuentos norteamericanos y los de hadas.







Será por ese edificio modernista que más bien parece un castillo de "felices para siempre". Será por la magia de Disney, que llenó nuestra infancia de ternura y fantasía,  por una tarde los caminos confluyeron y me devolvieron a mi niñez.



Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


DATOS PRÁCTICOS

Dónde está: Av. Francesc Ferrer i Guardia, 6-8, Barcelona
Medios de transportes para llegar: Bus, Ferrocarriles Catalanes y Metro.
Horario: De 10 a 20 h (de Lunes a Domingo)
Precio: 4 € (clientes de la Caixa y menores de 16 años, gratis)

martes, 3 de enero de 2017

OH, BLANCA NAVIDAD

* La Casa Batlló


Cuentan las crónicas que en el día de Navidad del año 1962 cayó en Barcelona una gran nevada. Fue tan intensa y cuantiosa que las calles de la ciudad se convirtieron en verdaderas pistas de esquí. Este año ha vuelto a nevar. Pero en esta ocasión, la nevada ha sido muy especial, única, casi de ensueño.

Cuando supe que uno de mis edificios favoritos, la imaginativa y singular Casa Batlló, había sido decorada como si le hubiera caído encima una gran capa de nieve, no pude resistirme y salí disparada para poder contemplarla. Ese espectáculo no me lo podía perder.




Ya en sus puertas, y aunque no era el propósito, la tentación me pudo y decidí entrar. Y ahora ¡SÍ! la sorpresa fue mayúscula. En su interior, en el patio de luces, se ha recreado una virtual nevisca, tan mágica, que de buena gana hubiera levantado mis brazos, girando sobre mi cuerpo, me hubiera puesto a cantar tal que Julie Andrews en "Sonrisas y lágrimas".




El resto del inmueble es un juego de virtuosismo y creatividad que hay que descubrir poco a poco.



Anímense a acercarse a la Casa Batlló para verla blanquita como la nieve. Les queda hasta el 9 de enero. Y si no pueden ahora, tampoco importa tanto, pero háganlo en cuanto tenga oportunidad,  porque tanto con nieve imaginaria, como sin ella, siempre es una gozada visitar esta obra maestra del modernismo catalán.


Datos útiles


¿Dónde está situada?

Paseo de Gracia, 43, de Barcelona

¿Cómo llegar?

Autobús:
Parada "Pg. de Gràcia-Consell de Cent".
Líneas 22 y 24. O los nocturnos N4 y N6.


Metro:
Parada "Passeig de Gràcia".
Líneas L3 (verde), L2 (lila) y L4 (amarilla)

Tren:   Parada "Passeig de Gràcia"

¿Cúanto cuesta entrar?
Adultos:   22,50€ (pero si sois residentes en Barcelona 15€)
Niños hasta 7 años:   gratis
Niños entre 7 y 18 años, mayores de 65, y estudiantes:   19,50 €

En todos los casos, incluye smartguide.

Para mayor información:
https://www.casabatllo.es/